Tendrás muchas oportunidades para usar tu cámara fotográfica, por ejemplo para llevarte el recuerdo de la ridícula forma puntiaguda del pico Toka Toka en Northland o del complicado entramado de los fiordos de la Isla Sur.

Nueva Zelanda está marcada por glaciaciones, fallas, zonas volcánicas y movimientos de las placas tectónicas. El nuestro es un ambiente dinámico encajonado entre dos océanos y asentado en el Cinturón de Fuego del Pacífico. Cuando ocurren eventos extremos sobre o bajo la superficie de la tierra, el resultado con frecuencia es un paisaje inusual.

Mira, por ejemplo, el extremo suroccidental de la Isla Sur. Aquí, la sucesión de glaciaciones forjó una impresionante colección de fiordos. Más allá de la costa, hay dos glaciares que se niegan a creer que la edad de hielo terminó y siguen desplazándose hacia la selva tropical.

La Isla Norte nunca deja de sorprender con fenómenos naturales que puedes contemplar con tus propios ojos. Las regiones volcánicas activas, incluso un volcán marino que puedes recorrer a pie, son expresiones hacia la superficie de la agitación que ocurre en el interior de la tierra. Da un paseo a través de las zonas geotérmicas alrededor de Rotorua y Taupo. Las fumarolas, los cráteres y los géiseres son infinitamente fascinantes. ¿Y qué opinas del lodo hirviendo? Debe ser lo más extraño que alguna vez encontrarás en un parque público.

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